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Con la globalización de
la economía, la época en la que
la actividad profesional quedaba reducida a una
región, país o incluso continente,
ha desaparecido.
En una primera aproximación
a los mercados exteriores las empresas llevan
a cabo intercambios esporádicos que posteriormente
se van consolidando. La empresa puede estancarse
en esa etapa continuando con la exportación
desde el origen con la dificultad de seguimiento
que la lejanía conlleva.
Pero ante un compromiso más firme y ambicioso
a las empresas se les presentan diversas alternativas.
Por un lado la decisión
de abrir su propia oficina en Europa. La complejidad
administrativa, laboral, fiscal y de recursos
humanos, el seguimiento y cumplimiento de objetivos
unido al control presupuestario, lo convierten
en una decisión con numerosos riesgos y
complicaciones.
Frente a esta opción,
nos encontramos con la posibilidad de escoger
diferentes agentes comerciales que se ocupen de
las ventas, o la gestión de un equipo de
ventas de Iberglobal:
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